|

Receta
para olvidar un mal Amor
Primero, cierra los ojos y sumérgete en el fondo de tu
corazón; déjate envolver por su suave oscuridad, y siente,
por última vez, el calor que aún no se extingue con su
partida.
Si
no puedes contenerte, deja escapar dos lágrimas; sólo dos,
ni una más, una por su llegada y otra por su partida.
Una
vez hecho esto, pon manos a la obra: junta todos los
recuerdos (buenos y malos), sus regalos, sus cartas, su
voz, su risa, su andar cuando venía hacia ti y cuando se
alejaba, sus promesas, sus mentiras y verdades, su forma
de respirar, la geografía de su cuerpo, sus sonidos y el
aroma de su sexo cuando hacían el amor, su manera de
tocarte, el último rizo de su pelo, el más insignificante
átomo que de ella conserves y, deposítalo todo en el fondo
de algún baúl; ciérralo con llave, y proponte no abrirlo,
hasta que hayas olvidado lo que en él pusiste.
Vence
el deseo de abrigarte del frío de la soledad con esos
recuerdos guardados.
¡Ahora,
limpia tu corazón!
¡Abre
ventanas!
¡Deja
que penetre la luz y un nuevo aire lo refresque! Recorre
nuevos
lugares, invéntalos, disfrútalos; haz nuevos amigos e
invítalos a entrar, pero, sobre todo, aviva el fuego de
aquella llama que mantuviste olvidada.
La
esperanza, ella te dará cobijo en esas noches en que el
cierzo agudiza el frío del abandono; borrará las sombras
del pasado y te acompañará hasta que el sol salga
nuevamente.
Por
último, agrégale una nueva ilusión a tu vida al gusto. Si
esto haces, tarde o temprano olvidarás un mal amor.
Todo
se
supera con fe, esperanza e ilusión
|